El pasado 2 de agosto entró en vigor una parte de la ley europea de inteligencia artificial que, a diferencia de otras, no va de laboratorios ni de grandes tecnológicas: va de cosas que muchas pymes hacen todos los días. En concreto, dos. Una: si tienes un chatbot en tu web o en tu WhatsApp, ahora estás obligado a que el cliente sepa que está hablando con una máquina y no con una persona. Y dos: si publicas imágenes, vídeos o audios hechos con IA que podrían pasar por reales, tienes que avisar de que son artificiales. No es una recomendación de buenas prácticas. Es obligación legal, aplicable ya.
Conviene decirlo sin alarmismo, que de eso ya hay quien vive: no es una norma pensada para pillarte, ni exige montar nada complicado. Pero sí conviene saber qué te pide exactamente, porque es fácil de cumplir si lo entiendes y fácil de incumplir sin enterarte.
Qué ha cambiado, con fechas
La norma es el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (el llamado AI Act, la primera ley general del mundo que regula esta tecnología). No entra toda de golpe: va por tramos. El tramo que arrancó el 2 de agosto de 2026 es el de las obligaciones de transparencia, recogidas en su artículo 50. En resumen, vienen a decir una cosa de sentido común: las personas tienen derecho a saber cuándo están tratando con una IA y cuándo lo que ven o leen lo ha fabricado una máquina.
Aquí conviene deshacer una confusión que ha corrido mucho estas semanas. Puede que hayas leído que «la ley de IA se ha retrasado a 2027». Es verdad a medias, y la mitad que falta importa. Lo que se ha aplazado —mediante un paquete de cambios que la UE acordó en mayo de 2026, el llamado Digital Omnibus— son las obligaciones más pesadas para los sistemas de alto riesgo (los que se usan para cosas delicadas como seleccionar personal o conceder créditos), que pasan a diciembre de 2027. Pero la transparencia no se ha retrasado: sigue en vigor desde este agosto. Quien te diga que puedes olvidarte hasta 2027 se ha quedado con la parte que no te toca.
Si tienes un chatbot: avisa de que es un bot
Esta es la que afecta a más negocios, porque un chatbot en la web o en el WhatsApp de empresa ya es de lo más normal. La regla es simple: cuando una persona empieza a hablar con tu asistente automático, tiene que quedarle claro que no es un humano. No hace falta un aviso legal interminable ni una ventana emergente con letra pequeña. Basta con que el propio chatbot se presente como lo que es —«Hola, soy el asistente virtual de [tu negocio]»— o con una etiqueta visible de que se trata de un sistema automático.
Hay una excepción razonable que la propia ley recoge: no hace falta avisar cuando resulta evidente para cualquiera. Si el chat se llama «Asistente automático» y responde en un segundo a las tres de la mañana, nadie va a pensar que hay una persona detrás. Pero cuidado con los asistentes muy conseguidos, esos que saludan por tu nombre y escriben como un humano: cuanto mejor imita a una persona, más necesario es el aviso, porque es justo cuando el cliente puede confundirse. La buena noticia es que esto no espanta a nadie. La gente no deja de usar un chatbot por saber que es un chatbot; lo que molesta es descubrir que te han hecho creer que hablabas con alguien. La transparencia, aquí, juega a tu favor.
Si publicas contenido hecho con IA: etiquétalo
La segunda obligación mira al contenido. Si generas con IA una imagen, un vídeo o un audio que podría confundirse con algo real —lo que en la jerga se llama deepfake: un contenido sintético que aparenta ser auténtico— y lo publicas, tienes que dejar claro que es artificial. El caso típico en una pyme: el vídeo promocional con una «persona» que no existe, la foto de un producto o un escenario montada por completo con IA, la voz clonada para una locución.
Conviene separar dos cosas para no agobiarse. Las herramientas que generan ese contenido (ChatGPT, las de vídeo, las de voz) están obligadas por su parte a marcar lo que producen con una señal técnica invisible; de eso se encargan ellas, no tú. Lo que te toca a ti es el aviso visible para las personas cuando publicas algo que podría pasar por real. Una ilustración claramente artística o un gráfico no son el problema; el problema es lo que engaña. La regla de oro, más allá de la letra pequeña, es fácil de recordar: si alguien podría creer que es real y no lo es, dilo.
Qué NO te obliga (para bajar el ruido)
Como con toda ley nueva, ya hay quien vende miedo para colocarte un servicio. Aclaremos los límites. La transparencia no te obliga a dejar de usar chatbots ni IA: solo a decir que los usas. No exige un certificado, un sello ni contratar a una consultora cara «para cumplir»; el aviso lo pones tú en dos líneas. Y no convierte tu negocio en un sistema de «alto riesgo» por tener un chatbot de atención al cliente: esos sistemas son otra categoría, la de decisiones sensibles, y sus obligaciones —las que sí son un proyecto— son las que se han aplazado a 2027.
Sí hay un detalle que rompe la intuición: no hay umbral de tamaño. La obligación de transparencia aplica igual a un autónomo con una web que a una multinacional. Que seáis tres personas no te exime. Pero, insisto, cumplir aquí cuesta minutos, no dinero.
Cómo cumplir, en la práctica
No hace falta un plan ni un informe. En una tarde cualquier negocio deja esto resuelto:
- Haz inventario de dónde usas IA de cara al cliente: chatbots en web y WhatsApp, asistentes de voz, contenido generado que publicas. La lista suele ser más corta de lo que temes.
- Revisa que cada chatbot se presente como automático desde el primer mensaje. Un simple «soy el asistente virtual de…» cumple de sobra.
- Marca el contenido hecho con IA que pueda pasar por real: una nota discreta («imagen generada con IA») en el pie o en el propio material basta.
- Deja constancia de lo que has hecho. Una hoja con qué revisaste y cuándo te cubre si alguien pregunta, y de paso te sirve para el resto de la ley.
Ese último punto es el que casi todos se saltan, y es el más barato de todos. La transparencia bien hecha no se nota en la caja, pero deja rastro de que has actuado con criterio. Si además estás montando ahora tu asistente, es el momento ideal para hacerlo ya con el aviso incorporado: es justo parte de lo que cuidamos cuando construimos un chatbot a medida para un negocio, para que cumpla sin que tengas que volver sobre él.
El criterio, en una frase
Esta parte de la ley no te pide dejar de usar la IA: te pide no usarla para engañar. Y eso, más allá de la obligación, es sencillamente buena idea. Un cliente que sabe que habla con un bot y lo usa igual es un cliente que confía en ti; uno que se siente engañado al descubrirlo es un cliente que se va. La transparencia no es el peaje de cumplir la norma: es la forma de que la IA sume a tu reputación en vez de restarle. Cumplir, en este caso, coincide con hacer lo correcto.
Si no tienes claro qué de lo que usas entra en la norma —lo más probable es que algo entre— o quieres dejar tus chatbots y tu contenido en regla sin convertirlo en un proyecto, es justo el tipo de cosa que aterrizamos en una sesión de consultoría: miramos dónde usas IA de cara al público, qué avisos te faltan y lo dejamos resuelto en una mañana. Si lo prefieres directo, cuéntanos tu caso y lo vemos juntos.